Carmen Llamas: Una Semana Santa diferente

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“Estas misiones fueron diferentes, al igual que todas las anteriores. Al final todas te aportan algo y la mejor lección que me llevo es que cuanto más me dejo y me entrego en las manos del Señor más feliz me siento. “

Carmen Llamas, colegial de 1º de Periodismo, nos comparte una crónica sobre su plan de esta Semana Santa, ha ido de Misiones con Juventud Misionera a Murcia.

“Salí de mi casa como todos los años con la maleta cargada de ilusiones y entusiasmo por volver otro año más a misiones con lo que esto significa: entregarse a los demás, vivir en comunidad y sobre todo, encontrarme con Dios en cada una de las personas con las que comparto esta experiencia.

Las misiones duraron cuatro días los cuales fueron muy intensos a la vez que gratificantes. El primer día, el miércoles, empezamos la jornada a las nueve de la mañana saliendo el autobús desde Barcelona hacia Murcia. El viaje duro ocho largas horas en las que me planteaba si hacía bien volviendo este año de misiones. Sin duda, ha merecido la pena. Llegamos sobre las 18.30 a Cabezo de Torres, donde nos encontramos con el resto de misioneros de otras partes de España. Ahí, a las 19.00 celebramos la misa de envío para después separarnos en diferentes pueblos y parroquias.carmenllamas

El jueves nos dedicamos a misionar, invitábamos a la gente de la calle a que viniera a la misa de la parroquia en la que ayudábamos. También fuimos a visitar enfermos o personas mayores a sus casas y ofrecerles si querían recibir la comunión. A mi me tocó acompañar, después de comer, al padre Javier a repartir la comunión a un par de ancianos. Para mí, fue una experiencia muy bonita. Otro grupo fue a ayudar a un asilo y ahí hicieron un Vía Crucis con los ancianos y los llevaron de paseo por Cartagena. Por la tarde fuimos a misa y por la noche hicimos un Solnight. Esta actividad consiste en invitar a gente de la calle a rezar a la iglesia, y la hicimos desde las diez de la noche hasta las dos y media de la madrugada.

La jornada del viernes fue muy parecida a la del día anterior: invitamos a la gente a los oficios y también fuimos a visitar ancianos. Después de los oficios, que fueron por la tarde, tuvimos una actividad todo el grupo junto, que consistía en explicar y reflexionar sobre nuestro día.

El sábado fue un día diferente. Nos desplazamos hasta puerto de Mazarrón y ahí todas las ciudades hicimos un rosario por en medio del pueblo e hicimos juegos en la playa con todo el grupo. Fue un momento de convivencia muy divertido, sobre todo para conocer a diferentes personas con mis mismas inquietudes. Por la noche tuvimos los oficios y luego otra actividad con el grupo entero.

El domingo fue el último día y tuvimos la misa de Resurrección con todos los grupos de misioneros de los diferentes pueblos. Después nos despedimos y cada uno volvió a su ciudad. Llegamos a Barcelona sobre las 21.30, después de un largo y cansado viaje.

Estas misiones fueron diferentes, al igual que todas las anteriores. Al final todas te aportan algo y la mejor lección que me llevo es que cuanto más me dejo y me entrego en las manos del Señor más feliz me siento”.

 

 

 

Visita a Iesu Communio. “Es un lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas”

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Ana María Rodríguez Segura, Primero de Periodismo. El pasado sábado día 12 de marzo, algunos de los colegiales visitamos La Aguilera, en Burgos. Dos entretenidas horas de viaje desde Madrid para llegar al instituto religioso femenino de las Iesu Communio.

Llegamos a La Aguilera sobre las 5 de la tarde y nos pasamos directamente al encuentro con las monjas. Nos recibieron con una canción y continuamos con las presentaciones de los grupos para pasar a las preguntas. Comienza el turno de preguntas. Yo hasta el momento comenzaba a estar alucinada, en todo el esplendor de la palabra. Lo comenté con Paulina: las caras de las muchachas desprendían una luz como nunca antes me había percatado, y digo muchachas porque muchas de ellas no tenían más de 25 años; y las demás no se quedaban tampoco demasiado atrás. Todas eran muy jóvenes y solo algunas habían sentido la vocación desde siempre: había quienes había sido auto-declaradas ateas firmemente, y quienes aun siendo creyentes, había vivido, como nos comentaba una de ellas “a lo loco”.

Las primeras preguntas eran las que todo el mundo deseaba conocer: “¿Qué os llama a estar aquí?”, ¿Cuáles son vuestros quehaceres diarios?”, “¿Por qué renunciáis a una vida fuera para tenerla aquí?” La cosa se iba poniendo más interesante, no solo por las preguntas, sino porque ellas mismas nos contestaban con la máxima sinceridad posible, contando su experiencia para que lo comprendieramos. Digo “comprendieramos” porque una persona universitaria de 18, 19 o 20 años, no piensa en poner su vida al servicio de su fe. Se piensa que es una locura y no se alcanza a comprender el asunto. Por eso mismo, continuamos haciéndoles (y haciéndonos) preguntas.

Una de las respuestas a las anteriores fue “por vocación”. En ese momento, lo entendí muchísimo mejor. Nos comentaban que igual que una persona tiene vocación de médico o de abogado, ellas sentían vocación a la fe, a Dios. Allí encontraban plenitud a la vida y buscaban sentido a la existencia. Ellas mismas nos afirmaban que eran preguntas que con frecuencia muchos de nosotros nos hacemos, sin profundizar y sin encontrar (como es de esperar) respuesta.

Tras las preguntas y respuestas llegó el que para mí fue el momento en que más aprendí de todo. Se nos acercó una chica para terminar de contestar una de las últimas preguntas que se le habían formulado. La pregunta era sobre la felicidad con y sin la fe a Dios en la vida. Esta chica, que se llamaba Almudena, se acercó a Pablo Ballesteros (compañero del CM y artífice de la pregunta) para contestarle de la manera más humilde, sencilla y sincera que pudo. De todo lo que me pudo fascinar, me quedo con lo siguiente. Ella tenía 19 años, llevaba un año y medio en la orden y esta semana iba a pasar a ser novicia. Ella sentía la fe desde pequeña y decidió sumergirse completamente tan jovencita. Cuando todos la mirábamos sorprendidos, ella nos seguía explicando (con la misma luz en el rostro que comentaba al principio) que no renunciaba a una vida, sino que había elegido cómo quería vivirla. No iba a renunciar a tener hijos (sí físicamente), porque ella nos amparaba con la oración. Quería vivirla extendiendo su fe, y entre otras cosas, lo estaba notando ya que, como nos comentaba, no hubiera sido capaz de levantarse a contestar esa pregunta hace varios meses, pues ni ella misma tenía la respuesta. Ella era feliz allí.

Había mucha información para interiorizar hasta ese momento, y ya estábamos acabando la visita. Tras la misa y la imprescindible compra de dulces, subimos al autobús para regresar a Madrid. Y como no podía ser de otra manera, el debate y las sensaciones siguieron durante la mayor parte del trayecto. Realmente era alucinante ver a tan numeroso grupo de mujeres unidas por algo tan inefable como es la fe. Seas o no creyente, es un verdadero lujo poder acceder de un modo tan cercano a personas como ellas.

Muchas preguntas se me quedaron en el tintero. Y las que llevaba, siguen sin ser respondidas. Una vez allí y después de la visita, te vuelves a replantear muchas cosas. Pero tras la experiencia, sé que si hay algo imprescindible en esta vida es no dejar de hacerse preguntas.

 

Margarita Pons: “Aula me ayudó a descubrir lo mucho que me apasiona mi carrera”

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Mª Margarita Pons, 1º de Bellas Artes y Diseño. Aula ha sido para mí un reto pues, nunca antes había tenido tal responsabilidad como la de representar, aunque fuera en pequeña medida, una institución a la que pertenezco como es actualmente la Universidad Francisco de Vitoria. Me resultó de lo más emocionante ver cómo yo, sin tener preparación para “vender algo”, lograba contagiar las ganas de que los demás se acercaran a conocer sobre esta Universidad y la influencia que puede llegar a tener algo tan simple como el testimonio de un alumno, en mi caso, la que ha sido mi experiencia hasta ahora.

Se viese de donde se viese, el ambiente de nuestro stand marcaba la diferencia. Saltaba a la vista el entusiasmo que había en cada uno de los que estábamos allí, nosotros si estábamos allí por voluntad propia y con ganas de darlo todo a fin de conseguir contagiar nuestra energía universitaria a todo aquel que se acercara.

Quise ir a Aula pensando en la oportunidad que a mí me habría gustado tener de conocer la universidad mediante el testimonio de sus propios alumnos.

Aula me ayudó a ver la importancia de presentar nuestra experiencia universitaria en su totalidad, teniendo conciencia de la importancia que puede llegar a tener el testimonio dado, pudiendo mostrarle a los posibles futuros alumnos lo que de verdad importa, y no distraerse con factores secundarios como pueden ser la duración de la carrera o las salidas laborales del momento. Es sorprendente algunos de los criterios por los que una persona puede llegar a elegir o descartar una carrera o Universidad. Me chocó mucho como una madre, ante la ilusión de su hija por estudiar Bellas Artes y Diseño, carrera que yo misma estoy cursando, fue capaz de negarle la oportunidad por el simple hecho de que ésta consta de cinco años. ¿ Acaso es esa una razón suficiente para tomar una decisión tan importante? En mi opinión pienso que vale la pena estudiar un par de años más si es algo que realmente te apasiona.

Aula me ayudó también a valorar los padres que tengo. Mi madre me ha motivado siempre a estudiar lo que yo quería, a elegir la carrera que me gustaba, independientemente de lo difícil o fácil que esta fuese o a que trabajo me pudiese a llevar. Mi madre siempre me dio esa libertad de elegir lo que verdaderamente me hiciera más feliz. Y pude poner esto en valor, ante la diferencia existente entre los chicos que venían solos, o aquellos que venían muy condicionados por la compañía de sus padres. Al venir solos, era como si tuviesen claro qué querían y las respuestas que necesitaban, sin embargo cuando venían con sus padres, mostraban menos interés, más bien se limitaban a asentir a lo que sus padres preguntaban, aceptando de algún modo que ellos tendrían la última palabra.

Fue una experiencia inolvidable que, sin duda alguna, recomendaría a todo aquel que se planteara asistir. Yo tengo ganas de poder volver a Aula todos los años que me sean posibles.

Rosa Guajardo-F: “Muchos de mis compañeros de clase se planteaban en qué condiciones merecía la pena vivir”

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Hace unos días, el 24 de febrero Inés Guajardo-Fajardo visitó la UFV y el Colegio Mayor. Tres días antes había celebrado lo que llama el aniversario de su accidente. A los 17 años, Inés viajaba con sus amigos, y tuvo un accidente de coche. Primero estuvo en coma, después fue recuperando conciencia poco a poco, con un 30% de capacidad cognitiva, al inicio, lo suficiente para que poco a poco pudiera ir asimilando la noticia de que no volvería a andar. Esta chica es hermana de una de nuestras colegiales, Rosa Guajardo- Fajardo, estudiante de medicina. Rosa movió cielo, mar y tierra, para traer a su hermana a la Universidad y para que la mayor gente posible pudiera escuchar su historia. En esta entrada, Rosa nos cuenta por qué creyó necesario este #encuentroCM.

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Rosa Guajardo-Fajardo. A veces no tienes la certeza de si algún plan que tienes en la cabeza va a salir bien del todo pero sin embargo algo te dice que tienes que llevar a cabo ese plan, que tienes que hacer que ocurra. Eso me pasó a mí con el tema de la charla de mi hermana Inés. Llevaba ya un par de años dándole vueltas a la cabeza desde que en clase de Ética empezábamos a plantearnos los temas de la dignidad de la persona, la validez de la vida, la calidad de la misma, etcétera. Ya ahí fui observando cómo muchos de mis compañeros de clase se planteaban de qué manera y en qué condiciones merecía la pena vivir. Extrapolando estas conversaciones a mis grupos de amigos mi sorpresa era que el pensamiento generalizado de la población no era otro que la certeza de que si repentinamente alguno de mis amigos se quedaba sin piernas, prefería quedarse completamente sin vida, es decir, “mejor muerto que parapléjico”, diría yo trasladando sus palabras a la cruda realidad. Yo no me podía creer que amigos, sobre todo amigas mías cercanas, que saben la historia de mi familia pudiese pensar tal barbaridad. Me planteé entonces que no debían de saber bien la experiencia de mi hermana si de verdad hacían esa afirmación, no era posible que vieran a una persona feliz en esas circunstancias y fueran capaces de confirmar que mejor morirse que estar así. ¿Así, cómo? ¿más feliz de lo que te veo a ti a diario? Si conoces esta historia y sigues pensando así debes de ser un poco cazurro. No, no me iba a conformar pensando que algunas amigas mías eran cazurras, estaba claro que no han conocido una historia como la que les planteo yo con un final feliz. Nunca han llegado a conocer la historia de mi hermana a pesar de haber sido amigas por años, lo tengo claro.

¿Y qué puedo hacer yo? Explicárselo. Pero no, no sirve de nada, nadie aprende por boca ajena, eso lo sé muy bien. Lo intento, no convenzo de nada, desisto. Ahí se queda esa idea, flotando en el aire. La dejo fluir mientras sigo sumergiéndome curso tras curso en el mundo de la medicina que tan absorbente es. Me olvido del tema. Bueno, no me olvido, ahí se queda flotando en mi líquido cefalorraquídeo esperando que algún día penetre de lleno en mis hemisferios cerebrales dándome una pequeña idea de cómo ayudar a comprender la belleza de la vida tras una circunstancia así.

Cuarto de medicina, ahora estoy en Bioética (ya no es Ética). Nos centramos aún más en el ser humano. Todos tenemos que preparar un tema y exponerlo al resto de la clase. Propongo a mi grupo hablar sobre la actitud a tomar tras un accidente de coche, qué consecuencias puede tener y qué es lo más adecuado en cada caso. A la gente le gusta nuestra exposición, veo que hace pensar. Al finalizar la exposición, hablo de mi hermana Inés y veo algunas caras de emoción, otras se estremecen un poco, otros apartan la mirada, pero pocos quedan indiferentes. La idea que fluía en mi líquido cefalorraquídeo se cuela por fin por alguna fístula y le sugiere a mis oídos que hagamos llegar esta experiencia a más gente. ¿Será que a mí me llama la atención la historia de mi hermana simplemente por el hecho de ser mi hermana? Quizá no es para tanto, me digo a mí misma. Pero se me vienen a la mente las caras de mis compañeros. Yo creo que esta experiencia puede ayudar a entender y a valorar…..o no…. No lo tengo claro. Bueno, vamos a poner manos a la obra. Ya veremos.

Empiezo a moverme un poco entre unos y otros departamentos de la Universidad. Todos aprueban mi idea, me apoyan pero siento que ninguno coge las riendas del caballo conmigo. Yo sola no puedo lanzarme ¿cómo lo hago? Sé que esto conlleva mucho trabajo, conocimiento y contactos. ¿Cómo voy yo a reservar un espacio sin ser nadie? ¿Cómo hago la promoción yo sola? ¿Cómo sé que estoy enfocando bien las cosas? Me quedo parada, no tengo con quien llevar a cabo este plan. Sé que en cuanto alguien me ayude muchos departamentos me ayudaran a llevarlo a cabo pero lo más difícil es encontrar el cómo empezar. Me vuelvo a quedar ahí. Espero otro tiempo hasta que se dé la oportunidad de poder lanzar la idea. Estamos en febrero. Hablo del tema casualmente con Paulina, una consagrada de la uni, me anima a llevarlo a cabo pero me quedo ahí, necesito encontrar la manera de hacerlo y el momento, con esta carrera es complicado.

Empiezo a vivir en el Colegio Mayor en octubre, ya estoy en quinto. Hablo con Paulina de nuevo y me incita a empezar a montar la charla. Agus (directora del Colegio Mayor) también apoya la idea y me pone en contacto con Piko (formadora del Colegio Mayor) quien me ayuda a materializar por fin esta idea y organizarla. Lo primero es reservar el día y el sitio. Aviso a Inés. Ya no hay vuelta atrás. A partir de ahí todo es más fácil. Entre Piko y yo vemos qué temas son interesantes para abordar en la charla, a quién queremos que vaya dirigida y cuánta gente estimamos que acuda. Va pasando el tiempo, escribo a profesores invitando a la charla, sobre todo para que inviten a los alumnos. Paso por las clases de medicina para invitar personalmente a mis compañeros. Pongo carteles por la uni. Dejo folletos en la biblioteca. Me alegra ver como muchos departamentos promueven la charla y la hacen llegar a todos sus alumnos: Coordinación de Medicina, Departamento de Pastoral, de Acción Social, de Actividades Culturales… Me entusiasma verles colaborar con esta idea.

Llega el día. Hemos pedido 150 sillas. Me preguntaron tres veces y tres veces lo confirmé con un poco de miedo. Ahora me arrepiento muchísimo. Me ha pasado como San Pedro, qué honor. Pero sí, me arrepiento de esas 150 sillas, calculo que vendrán la mitad. No me gusta la idea de tener que subirme ahí arriba a entrevistar a Inés, prefiero que hable ella sola. Me arrepiento de todo. ¿Quién me mandará a mí meterme en estas cosas? Llevo dos días nerviosa. Como era de esperar no funciona el Power Point, siempre pasan estas cosas. Mujer precavida vale por dos y como tengo complejo y quiero valer el doble intento ser precavida así que por suerte tengo en mi pen la presentación grabada por si las moscas. Y las moscas llegan, así que pedimos otro portátil para meter mi pen y que funcione el dichoso Power Point que me hacen evadirme de la situación: faltan diez minutos y no han llegado ni mis amigas. No hay ni Peter. Le digo a Piko que avise a gente para que venga a hacer acto de presencia y se ríe. Entran mis padres y al minuto la profesora Patricia Castaño que se ha traído a toda su clase, qué mona es. Ya por lo menos hay algo de gente. Me pongo con el portátil intentando arreglarlo. Son y diez, vamos tarde. Inés empezamos sin Power Point. Me doy la vuelta y está todo repleto de gente. ¡Guau! ¿De dónde han salido? Hay tanta gente que algunos se sientan en el suelo y otros muchos se quedan en pie. Veo muchas caras conocidas, me ayudan a relajarme. Empezamos.

Durante la charla todo va sobre ruedas. No lo cuento porque ya os la sabéis todos. Lo importante es que a todos nos ayuda escuchar este testimonio, a todos nos ayuda a entender porqué debemos respetar los parkings de minusválidos, no sólo por ley sino que empatizamos. A todos nos ayuda entender que son imprescindibles los baños adaptados en cada rincón del mundo y que estén limpios. A todos nos ayuda entender que a nivel sanitario y humano tenemos mucho que mejorar. Pero sobre todo, a todos nos ayuda saber la belleza de la vida si realmente te lo propones. Esa es la mayor enseñanza. Merece la pena vivir si realmente te merece la pena.

En el Colegio Mayor también tenemos una sesión tras la cena. Me imagino que a la gente le interesará la charla pero al fin y al cabo no lo tengo claro. El rango medio de edad en el colegio es de 18 a 21 años. Mucha gente piensa que las preocupaciones a estas edades son otras pero en estos meses que llevo en el colegio me doy cuenta de que no, de que ésta es gente con muchas, muchas inquietudes, no se conforman con ir a clase, quieren formarse de una manera integral y saben tan bien como yo que estas charlas son tanta formación como las clases de anatomía, biomecánica, derecho mercantil o didáctica. Esta gente me gusta.

La charla en el Colegio Mayor me resulta más familiar, como todo en el Colegio Mayor. Estamos cómodos y se respira un ambiente tranquilo y de admiración y respeto, como siempre. Todo marcha bien.

Se acabó. Pasan los días, muchas personas de la universidad y del Colegio me escriben o me ven y me comentan que la charla les ha hecho pensar. Me alegro, ese era el objetivo. Mi familia está contenta de haber venido desde Sevilla. Mi hermana está contenta de haber ayudado, ha estado trabajando mucho en ello pero siento que no es un esfuerzo sobrehumano para ella compartir su vida con todos, me alegro. Mis compañeros de clase me comentan que han disfrutado mucho. Y yo, me siento feliz de estudiar en la Universidad Francisco de Vitoria. Como dije en el Facebook hace unos días “es increíble darse cuenta de cuánto quieres a las personas al verlas en un momento importante en frente de ti, sonriéndote, aprendiendo, compartiendo un momento juntos. Hoy me he dado cuenta de que hay personas a las que quiero mucho, personas que al reconocer sus caras entre tantas cabezas me hacían sentirme afortunada y agradecida, muy agradecida porque vinieran aunque fuera tan sólo a apoyar, aunque sin duda sé que se habrán llevado el gran regalo aprendido de vivir el hoy y ser feliz hoy. Gracias a todos. Me cuesta dormirme pensando en la suerte que tengo de formarme en esta universidad. Me siento agradecida por todos los q habéis dejado de hacer vuestras cosas un gran rato hoy para compartir este encuentro. Me siento contenta por haberlo podido disfrutar con parte de la familia. Me encanta la UFV.”

“Ich bin ein Berliner”

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Esther Lence, colegial de primero de Periodismo y Relaciones Internacionales, nos narra su viaje con la Universidad Francisco de Vitoria a Berlín, y cómo la Historia ha cobrado un nuevo significado para ella.

Esther Lence. Muchas veces cuando pensamos en la historia, lo hacemos como si se tratara de algo muy lejano, de algo que pasó en su día y allí quedó. Sin embargo, durante cinco días, he sentido un gran impacto con la realidad y este es que la historia no siempre queda tan lejos ni tan olvidada.

Roma, Bruselas o Berlín. Roma, la cuna de Europa, donde todo comenzó, tanto arte, tanta historia y tanto que contar… Pero dos veces en un año ya me han dejado apreciarla mucho por ahora. Bruselas, muy atractiva, tan desconocida por mí y con tantas cosas por aprender de ella… Pero, ¿qué hay de Berlín? Otra ciudad que no había visitado y debía considerar lo enamorada que estoy de la historia y lo cautivada que me dejó Heidelberg este verano. Por ello, Berlín fue la elegida.

Como bien me dijeron y como mal hice yo, nunca juzgues una ciudad por el camino del aeropuerto. Al recordar nuestra llegada a la ciudad, la palabra que viene a mi mente esgris: el cielo, los edificios… El ambiente en sí. Lo cierto es que la primera mañana no atrajo mucho mi ánimo. Sin embargo, afortunadamente, juzgue mal esta ciudad gris.

Creo que a casi todo el mundo le viene a la cabeza el conocido Muro de Berlín cuando piensa en esta ciudad y es muy lógico: este dividió desde 1961 hasta 1989 el territorio que representó una miniatura del gran conflicto que sufría el mundo por entonces. Durante los cinco días de viaje pudimos acercarnos un poco más a esta realidad: sus causas y lo que fue su presente. Gracias al Museo Nacional de la Historia de Alemania, nos pudimos remontar a la conocida República de Weimar y al ascenso y obra del Partido Nacionalsocialista en Alemania. Siempre me ha impresionado el poder apreciar en un museo lo que son los objetos de cerca y darme cuenta de lo que verdaderamente significaron en su día: esos billetes amontonados en la vitrina que nos intentaban transmitir el poco valor que tenían; los mechones de pelo cuya tonalidad determinaba los derechos de los ciudadanos, el uniforme que lucía una esvástica y que te hacía pensar quién lo habría llevado puesto; o, por el contrario, quien habría llevado el pijama de rayas azul y blanco que lucía una estrella de David, pues podía pertenecer a cualquiera de las personas que aparecían en los cuadros que había al lado: el niño que miraba a la cámara inocentemente, la mujer con lágrimas en los ojos o el hombre que alzaba su barbilla queriendo recordar su dignidad al fotógrafo.

Por otra parte, es incluso más apreciable encontrarte en el lugar donde ocurrió todo. Estás caminando por la ciudad cuando aparece delante tuya una placa que recuerda la gran quema de libros que tuvo lugar allí mismo y entonces, te das cuenta de que justo en el punto donde tú estás, hace unas décadas, muchas personas intentaban reducir a cenizas el conocimiento aportado por autores judíos. Del mismo modo, puede ocurrir que, sin saberlo, aparques tu coche encima del que fue el búnker donde murió el Tercer Reich.

Fue aquella muerte que anunciaba un periódico americano en el Museo Nacional la que desembocó en la división del mundo y, en pequeña escala, de Berlín. Durante nuestra primera tarde en la ciudad, pudimos vivir de cerca de la mano de un testigo de la caída del muro lo que era encontrarse en la República Democrática de Alemania, lo que ello significaba, el sufrimiento de vivir allí y ver lo cerca y, a su vez, lo lejos que se encontraba la libertad: cuántas personas soñaban con verdaderamente ser bienvenidos al sector americano que era anunciado en un cártel cercano.

Es verdaderamente impresionante darte cuenta de cómo vivían aquellos ciudadanos; los había quienes sufrían en silencio, otros que soñaban y callaban para conseguir sus metas (siendo clara muestra de ello, la actual canciller del país, Angela Merkel) o los que su poderosa lealtad a sus principios les impedía negarlos. Este fue el caso de un hombre cubano que con tal de salir de su país, decidió residir en la Alemania Oriental. Sin embargo, una petición de espionaje por parte de Cuba y su negación le alejaron de su búsqueda de una mejor vida. El siguiente paso para él, consciente de que su vida también era vivida milimétricamente por la Stasi, fue huir pero el modo de lograrlo era el problema. Un supuesto buen amigo me llamó para tomar un café juntos y al ver que se ausentó un momento y no volvía, decidí ir al servicio e irme pero cuando salí, ya me estaban esperando en la puerta. Fue casi una semana lo que estuvo en la mayor cárcel de la Stasi en Berlín, cárcel que tuvimos la oportunidad de recorrer junto a él. Lo cierto es que creo que el visitar aquel sitio con un antiguo prisionero no debe contarse, sino vivirse, por lo que lo único que aportaré sobre aquel lugar es que, como dijo Sócrates, el mayor de todos los misterios es el hombre: cuánto daño es capaz de hacer sentir un hombre a otro y cuán leal es un hombre a sus principios.

Pero, como se ha dicho muchas veces en la historia, al final todo saldrá bien y si no sale bien, es que no es el final; considero que esta cita refleja bastante bien lo que es la historia de este país. Si nos remontamos a la Primera Guerra Mundial, podemos observar que el siglo XX ha sido muy duro para los ciudadanos alemanes: a ella siguió una gran crisis, tras esta el Régimen Nazi con la Segunda Guerra Mundial y finalmente, su división durante algo más de 40 años. Es verdaderamente impresionante que en cinco días pudimos ser conscientes muy de cerca de todo lo que este país ha vivido e intercalarlo con la visita a un Bundestag  que es la viva imagen de aspectos como la democracia, la tolerancia, la unidad, los derechos de los ciudadanos, la libertad, la igualdad o la conciencia europea; o con el recibimiento en la Fundación Konrad Adenauer, cuya labor me ha cautivado y la cual considero digna de admiración; mi visión es la siguiente: Alemania y sus ciudadanos conocen lo que es la privación de su libertad, de su dignidad y derechos y ahora, que disfrutan de una democracia, es el momento de ayudar a que el resto del mundo la conozca, a que ningún país vuelva a vivir la opresión y de colaborar en la cooperación entre países.

La impresión que llevo de Berlín es que sí, es una ciudad gris pero que poco a poco va adquiriendo color, es una ciudad que está en construcción y que se recuperará totalmente. Jamás hubiera imaginado que en un país se pudiera tener tantísima conciencia de la historia que ha vivido y ahora me doy cuenta de que, efectivamente, Berlín es muestra de ello. Fue verdaderamente impactante un instante, caminando por la ciudad y adentrándonos en su historia con las palabras del guía, cuando me di cuenta de que lo único que se escuchaba en la calle era eso: sus palabras, el resto era silencio. Muchas veces surgió el debate entre nosotros sobre si quizás Alemania vive demasiado estancada en su pasado y ante ello, considero que es cierto que es muy notable la huella que han dejado tantos sucesos allí pero también es verdad que realmente muchos de esos acontecimientos son muy cercanos y que, como he dicho antes Alemania es, para mí, un sinónimo de construcción. Me llevo de este viaje la misma impresión que me llevé de Heidelberg este verano: lo admirable que es la capacidad de los ciudadanos para regenerarse, para ser capaces de darse cuenta de lo que ha sido su historia y entre todos, aprender y avanzar.

De todos modos, he de destacar que Berlín no nos hizo alejarnos del todo de nuestro país pues una preciosa embajada nos permitió recordar España en medio de tantos sentimientos y hacernos reflexionar también un poco sobre ella y sobre nuestra aportación presente y futura.

En conclusión, puedo afirmar con seguridad que este viaje no se borrará con facilidad ni de nuestras cabezas ni de nuestros corazones: gracias Berlín por permitirnos conocer tu historia, lo que significó aquel muro que ahora está reducido a piedras en el asfalto, tus grafitis que promocionan la paz o el mar gris que conmemora tantas almas; gracias por ser ejemplo de que, como decía nuestro querido guía cubano, la esperanza nunca muere y por darme la impresión de que el mundo sí podrá vivir algún día en paz; gracias por dejarnos disfrutar de tu gastronomía (que no podía dejar en el camino), de tus ciudadanos luchadores, o del brillante atardecer que acompañaba a la bandera de Alemania desde la cúpula del Bundestag que se suaviza cuando bajas y lo admiras a través de la Puerta de Brandemburgo. Gracias Berlín por dejarnos conocer tu corazón, prometo volver algún día y repetir, hasta entonces, que durante cinco días yo también fui ein Berliner.

El Colegio Mayor Francisco de Vitoria tiene mucho que aprender y aportar en la profundización del origen y vocación actual de los Colegios Mayores

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XXXVIII Jornadas de Colegios Mayores Universitarios

Del 4 al 6 de febrero dos de las formadoras de nuestro Colegio Mayor, viajaron a Zaragoza para participar de las XXXVIII Jornadas de Colegios Mayores Universitarios. Este encuentro está organizado por el Consejo de Colegio Mayores, al que nuestro Mayor pertenece junto a otros 128 centros del ámbito público y privado.

Las formadoras que acudieron, Pilar Rodríguez y Paulina Núñez lo hicieron en nombre de la directora del Colegio, Dña. Agustina Jutard y en representación también de su equipo de formadores. El objetivo de su participación en estas Jornadas ha sido buscar la mejor formación posible para ofrecer a sus colegiales, y descubrir, vivir  y actualizar la misión y rol social que un Colegio Mayor- génesis de la Universidad- tiene en el siglo XXI.

Al hablar con ambas sobre su experiencia y las conclusiones obtenidas, Paulina nos compartió una tormenta de iniciativas que se le han ocurrido durante estos días, pero sobre todo destaca que quedó gratamente sorprendida por ver que somos muchos Colegios Mayores en España, y con un ideario humanista común.

En palabras de Paulina: “De aquí es de donde surgieron las Universidades en un inicio y deberían seguir siendo uno de sus principales fuentes de vida. Es muy alta la misión que tenemos como equipo de formación del Colegio Mayor, pero también la de los colegiales, han de seguir enriqueciendo el nivel académico de nuestra Universidad; las actividades que organicemos como Mayor, además de estar abiertas a toda la UFV, han de ser de altura universitaria y estar dirigidas siempre a potenciar a nuestros colegiales para que aporten valor a la Comunidad Universitaria”.

Pilar comenta que se llenó de orgullo al descubrir que en el poco tiempo de vida de nuestro Mayor, nueve años, tenemos mucho andado, y en gran parte se debe a la integración total que tenemos con nuestra Universidad, con su ideario; la comunicación constante y trabajo en equipo entre departamentos, es algo a lo que no todos los Mayores tienen fácil acceso. Paulina coincide con esta visión de gratitud frente a todos los medios que ha dado la Francisco de Vitoria para que nuestro Mayor sea lo que es hoy, en concreto agradece la gran labor del rector de la Universidad Daniel Sada y la directora del Mayor, Agustina Jutard, durante estos primeros años de vida del Colegio Mayor.

“Somos afortunados y tenemos una gran responsabilidad, puesto que nuestra Universidad nos ha confiado a ser los mismos formadores quienes acompañemos a nuestros colegiales de primero como Mentores, además de formadores como seguimos siendo con los veteranos, y que nuestras actividades colegiales sean reconocidas académicamente con créditos ECTS. Nuestra experiencia en esta área es una de las cosas que podemos compartir en el Consejo de Colegio Mayores. Y en cambio, hay muchas otras cosas de las que nos enriquecemos en estos encuentros. ¡Hay Colegios Mayores que tienen siglos de existencia! Hay mucha tradición y valores de los que nosotros queremos aprender,” resume Pilar.

Estas Jornadas son días para crear lazos, aunar iniciativas y trabajar cada vez más en una comunicación en nombre de los Colegios Mayores de España, no solo de cada uno en particular. “Una idea que se repitió mucho y que me encanta como meta del Consejo, es pasar de hablar de 129 Colegios Mayores a 17,000 colegiales en España”, concluye Pilar.

Las Jornadas de Colegios Mayores se celebran todos los años, es el momento en el que se reúnen los directores de éstos, (o algún representante suyo); tienen una asamblea; dan la bienvenida a nuevas incorporaciones; y reciben diversas formaciones en torno a algún tema particular que ayude al trabajo y vocación común que tienen todos los Colegios Mayores. En esta ocasión el tema fue “La Comunicación”. Hablaron de comunicación interna (entre Mayores) y externa y avanzaron en el desarrollo de una marca común como Colegios Mayores.

Encuentros de Cine. Por Andrés Rey

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Andrés Rey. 1º de Comunicación Audiovisual y Publicidad.

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El otro día Chema Alejos, profesor en la Universidad, nos honró con una visita y la visualización de un vídeo enmarcado dentro del ciclo del Encuentro que estamos viviendo en el Colegio Mayor. El vídeo en concreto, nos hablaba de la importancia de la amistad a través de clips sacados de algunas películas elegidas por Chema.

A pesar de estar de exámenes, fue agradable sentarse a ver lo que el eminente profesor, licenciado en Filosofía y Comunicación Audiovisual, tenía que decirnos sobre la amistad. Ciertamente no sabíamos muy bien lo que nos íbamos a encontrar, pero fue muy fácil dejarse llevar por las reflexiones que nos planteó, haciéndonos pensar no solo sobre nuestras propias experiencias, sino sobre lo que significa la palabra amigo.

Incluso a alguno le sorprendería pararse a pensar la de veces que el cine plantea esta pregunta, no en lo superficial pero en lo profundo. Todo esto mientras la mente de uno divaga sobre qué es lo que me está diciendo a mí esta película en esta escena.

Nunca perdió el ritmo, a pesar de que la hora no era la más propicia al ser la sobremesa, y mantuvo el interés de todos, al ser un tema tan presente en la vida universitaria. Mucho más si vives fuera de casa, y la palabra familia empieza a cobrar un sentido más amplio, de repente esas inquietudes, que puedes haber percibido superficialmente en una película, se convierten en cuestiones reales y palpables en tu realidad.

Alejarse de lo superficial, y sumergirse en el tema fue la tónica general de esta tan grata experiencia que nos hizo salir a algunos dándonos abrazos, entre risas y bromas. Pocos lugares se me ocurren donde podría haber puesto este vídeo, tan acorde con la atmósfera de la comunidad que tenemos aquí en el Cole Mayor, pues estas preguntas, estas inquietudes, han dado palabras a un sentimiento que está en el aire en el que poco a poco va convirtiéndose en el segundo hogar de muchos de nosotros.

Pero la reflexión va mucho más allá de lo bonito que es todo aquí. El mensaje del vídeo va dirigido a cada uno, a su persona y su realidad, y si es cierto que eso es lo grandioso de ver las mismas reacciones en todos, es uno mismo quien experimenta la necesidad de plantearse su papel como amigo. Pues no todas las relaciones supuestamente llamadas amistad, son verdaderas amistades, y esto va más allá de la frivolidad de agregar a alguien al Facebook. Por eso aunque uno sale feliz de lo que tiene, de lo que ha construido, o mágicamente encontrado, la semilla de la inquietud ha sido sembrada en la conciencia. No hablo de culpa, sino de un serio análisis de cuáles son mis relaciones y si soy un buen amigo, o estoy soportando a gente que no son amigos míos, entregando mucho más de lo que recibo.

Puedo hablar por todos los que asistieron a la visualización, y decir que nos llegó muy adentro, apelando a preocupaciones que en esta etapa de nuestra vida son definitorias de nuestro carácter y obligándonos a reflexionar de un modo crítico y agradecido el papel de aquellos que son llamados amigos.